Protegida de los vientos atlánticos por la barrera montañosa, alejada del calor continental del Bierzo y de la madurez de Ribera Sacra, esta tierra de laderas escarpadas, ríos profundos y altitudes de entre 500 y 750 metros guarda un equilibrio climático del que pocos viñedos del mundo pueden presumir. Frescura, tensión, perfume.
Alberto Orte llegó a Valdeorras en busca del vino atlántico de variedades autóctonas gallegas, equilibrado y con el carácter y la precisión de los suelos de granito y esquisto. Lo encontró en parcelas remotas y en agricultores que conocen sus viñas de generación en generación. Desde entonces, trabaja en tres zonas de carácter bien diferenciado: la planicie elevada y boscosa de A Portela, con sus suelos de granito y arcilla que combinan intensidad frutal y perfume; las terrazas del Escalada do Sil y las laderas escarpadas del Escalada do Bibei, donde la viticultura heroica —todo a mano, sin maquinaria de ningún tipo— es la única forma posible de trabajar.
El resultado del trabajo de este elaborador es la colección de cinco vinos —dos blancos y tres tintos— que expresan con una claridad poco habitual lo que significa la elegancia, el equilibrio y la longevidad en el vino. Vinos que dan placer desde el primer sorbo y que siguen creciendo con los años. Colección en la que si los blancos reafirman el talento de Valdeorras con la Godello, los tintos son la declaración de intenciones más valiente del proyecto.